En lo profundo de la Amazonía brasileña, menos de 800 personas hablan pirahã (pronunciado aproximadamente pi-da-JAN). Es una lengua aislada — sin parientes probados en ningún lugar de la Tierra — y se ha convertido en uno de los casos más ferozmente debatidos de la lingüística moderna.
El investigador de campo que desencadenó la tormenta es Daniel Everett, un misionero convertido en lingüista que vivió con los pirahã durante años. Según sus informes, a la lengua le faltan varias cosas que los lingüistas del siglo XX habían defendido como universales del lenguaje humano:
- No hay palabras exactas para números. La comunidad usa solo hói ("una pequeña cantidad") y hoí ("una cantidad mayor") — un contraste de cantidad, no de cuenta. En experimentos, los hablantes pirahã consiguen disponer una fila de objetos en correspondencia uno a uno, hasta diez, casi sin errores — pero fallan en cuanto la cantidad tiene que trasladarse en el espacio o en el tiempo: escondida tras una mampara, girada en ángulo recto o dejada caer una a una dentro de una lata.
- No hay vocabulario básico de colores. Los colores se describen composicionalmente — "como sangre", "no maduro", "sucio" — en lugar de con etiquetas fijas como "rojo" o "verde".
- No hay recursión gramatical. Las oraciones no pueden incrustarse dentro de otras oraciones. Esto desafía directamente la afirmación de Noam Chomsky de que la recursión es el rasgo definitorio que separa el lenguaje humano de la comunicación animal. Si Everett tiene razón, el pirahã rompe la teoría.
- No hay mitos de creación, ni ficción, ni historias sobre antepasados que ninguna persona viva haya conocido. Una fuerte norma cultural — Everett la llama el principio de "inmediatez de la experiencia" — restringe el habla a lo que el hablante o un interlocutor vivo ha presenciado personalmente.
Aún más extraño, el pirahã es una de las pocas lenguas que puede transmitirse a través de cinco canales paralelos: puede hablarse, silbarse, tararearse, cantarse o gritarse. Como el pirahã tiene solo tres vocales y ocho consonantes, su prosodia (tono y ritmo) carga una cantidad de información inusualmente alta — suficiente para que las madres puedan tararear oraciones enteras a sus bebés sin articular una sola consonante.
"Los pirahã se comunican cantando, silbando y tarareando casi tanto como lo hacen usando consonantes y vocales." — Daniel Everett, Current Anthropology 46(4), 2005, p. 622
Las afirmaciones de Everett son muy controvertidas. Investigadores posteriores, entre ellos Andrew Nevins, David Pesetsky y Cilene Rodrigues, han argumentado que el pirahã sí tiene recursión — simplemente poco usada — y que los hechos sobre los números pueden explicarse sin consecuencias cognitivas exóticas. Everett ha replicado; el debate sigue abierto.
Menos controvertidas, aunque todavía discutidas, son la norma cultural que restringe el habla a sucesos vividos directamente y la notable transmisión multicanal del pirahã. Independientemente de cómo se resuelva la cuestión de la recursión, el pirahã ha obligado a los lingüistas a replantearse: ¿moldea el lenguaje el pensamiento — o moldea el pensamiento el lenguaje?