La Piedra Rosetta del mundo sinográfico
Cada país que adoptó los caracteres Han también adoptó la pronunciación china — pero de épocas y dialectos diferentes. El resultado es una Piedra Rosetta lingüística oculta en cuatro sistemas de escritura modernos. Las capas de lecturas prestadas del japonés, el coreano y el vietnamita se conocen en conjunto como sino-xénicas (término acuñado por Samuel E. Martin en 1953); junto al mandarín, descendiente directo del propio chino medieval, ofrecen cuatro reflejos cognados de una misma fuente china que divergieron tras el préstamo.
Una comparación carácter por carácter
Tomemos 山 (montaña). En chino medieval se reconstruye como *ʂan. Hoy:
- Mandarín: shān (tono conservado, nasal final conservada)
- Coreano (漢字音): san (nasal conservadora, sin tono)
- Japonés (漢音 kan-on): san (la misma capa que el coreano)
- Vietnamita: sơn (vocal desplazada, nasal final conservada)
Ahora 國 (país), chino medieval *kwok:
- Mandarín: guó — se pierde la -k final, el tono se desplaza
- Coreano: guk — se conserva la -k final
- Japonés (漢音): koku — la -k aparece como -ku (inserción vocálica)
- Vietnamita: quốc — la -k final se conserva por completo
La jerarquía de las oclusivas finales
El patrón se repite en todo carácter cuya final pertenece al tono entrante (入聲) del chino medieval. El orden de conservación es notablemente constante:
- Cantonés/hokkien: conservan -p, -t, -k intactas como oclusivas no explosivas (de forma más completa en cantonés; el hokkien tiene además una capa coloquial con oclusión glotal)
- Vietnamita: conserva las tres (-p, -t, -c/-ch)
- Coreano: mantiene -p y -k, pero la -t del chino medieval aparece como -l (一 il, 發 bal)
- Japonés: las transforma con epéntesis vocálica (-pu/-tsu/-ku)
- Mandarín: borra las tres y solo deja rastros en el tono
Para 學 (estudiar, *ɣwak en chino medieval): coreano hak, japonés gaku, vietnamita học, mandarín xué. La -k sigue viva en tres de los cuatro.
Por qué el japonés tiene varias lecturas
Japón tomó prestada la pronunciación china en al menos tres oleadas distintas: 呉音 go-on (de base wu, siglos V–VI), 漢音 kan-on (norma de la corte Tang, siglos VIII–IX) y 唐音 tō-on (de la época Song a la Ming). Para 行:
- Go-on: gyō
- Kan-on: kō
- Tō-on: an (de dialectos meridionales)
El coreano, en cambio, recibió una transmisión comparativamente unificada: la capa principal del sino-coreano (漢字音) suele remontarse a la norma de Chang’an de la China Tang, traída a casa por los estudiantes y enviados de Silla desde la capital Tang en los siglos VIII y IX. Apoyarse en una única fuente dominante es lo que hace al sino-coreano mucho más coherente que las capas japonesas — bebida, por cierto, casi de la misma norma Tang que el kan-on.
La escalera de conservación tonal
Más allá de las consonantes, la conservación de los tonos sigue un gradiente claro. El chino medieval tenía 4 categorías tonales que en algunas lenguas se escindieron en 8:
- Cantonés: 6–9 tonos (la mejor conservación)
- Vietnamita: 6 escritos + 2 subfonémicos (excelente)
- Sino-coreano: históricamente 3 acentos de altura, hoy casi nivelados en el habla de Seúl (buen registro histórico)
- Lecturas on del japonés: sin tono léxico, aunque el acento de altura conserva algunas huellas
- Mandarín: 4 tonos, con fusiones masivas — la conservación más débil
Esa escalera es lo que hace útil la comparación: entre el cantonés y el vietnamita se conserva casi todo lo que el chino medieval distinguía, y leer un carácter a través de los cuatro sistemas recupera más del original de lo que guarda cualquiera por separado.
Las capas prestadas del mundo sinográfico no son meras curiosidades: son la máquina del tiempo fonológica con la que los estudiosos reconstruyen una lengua que nadie habla desde hace más de mil años.